Epílogo
Epílogo. Neuroartes, un laboratorio de ideas. Tercera edición. Diciembre 2025. Editorial Universidad de Guadalajara.
https://editorial.udg.mx/gpd-neuroartes-9786075817132-68ffcf64b8e93.html
Matter and spirit are inextricably entwined.
Anne Finch Conway
Las reflexiones transdisciplinarias propuestas por Neuroartes para elaborar una nueva epistemología nos llevan a pensar la estructura y la vivencia narrativa de la comunicación humana —es decir, la formulación de hipótesis mutuas sobre la construcción de mundos, sobre los procesos de coemergencia—.
Proponemos una epistemología no-objetivista y pluralista para diseñar lineamientos transdiscipinarios para el desarrollo de intervenciones sociales. Las reflexiones epistemológicas de Neuroartes pueden favorecer la autonomía de los diferentes actores sociales para que actúen y vivan una práctica social desde la perspectiva de las artes. La capacidad imaginativa y creativa de las artes favorece un diálogo entre los saberes de los actores sociales.
Somos el mundo social -creamos y pertenecemos a un mundo social—. Vivir las relaciones con este mundo social nos permite com- prenderlo y construir ciencias sociales. ¿Cuál es la identidad narrativa de los actores sociales? Lo que pensamos de un problema social depende de nuestra historia personal. La autobiografía permite tomar la palabra en un movimiento “emancipador”. En nuestras autobiografías somos a la vez autores, narradores y personajes.
La transdisciplinariedad es un espacio de diálogo; la aceptamos como espacio intersubjetivo donde pueden converger los conocimientos de varias disciplinas. Cada disciplina debería innovar fuera de sus estructuras establecidas. Para no dejarnos seducir por el dogma que afirma que nuestros lenguajes proyectan la certeza de nuestro cono- cimiento, deberíamos entrar en el juego de las ficciones, como lo pro- ponen las experiencias literarias, artísticas y estéticas. Sin embargo, el miedo de poner en duda nuestros conceptos, nuestras certezas, el otro y nosotros mismos, nos encamina a ostentar una fe ciega en dogmas; nos volvemos supersticiosos a nivel individual y colectivo —el régimen político de una nación supersticiosa es represivo, autoritario, dictatorial, genera realidades y mundos cerrados—.
La vida es variada, la especie humana también. Necesitamos lu- char en contra de una ultraespecialización en nuestras actividades (y pensamientos) que lleva a una superstición narcisista. No existe verdad absoluta, identidad absoluta. Es una ilusión creer en una identidad perfecta como si fuera una verdad final. Es en la mirada del otro que estructuramos constantemente nuestra identidad como individuo, comunidad y nación. Nuestra singularidad como individuo y ciudadano no es fija o determinada, depende siempre del otro; vivimos con la posibilidad y el riesgo de ser corregido, actualizado por la narrativa del otro —no existe un molde de ciudadanos modelos, cualquier molde es un acto de dominación—. Con estas actualizaciones evitamos caer en el solipsismo. Cada cuerpo, cada individuo, vive las ficciones de forma diferente; es su derecho, su obligación, su riesgo. El otro valida o no nuestras ficciones.
Al desarrollar proyectos de sociedades y de naciones, generamos ficciones, una serie de como-si. Este proceso implica reconocer el hecho de que cada individuo puede no solamente narrar las ficciones de forma diferente, sino narrar ficciones divergentes; nuestras visiones pueden nunca converger —el Edén es una superstición—. Las ficciones de las cuales somos los autores nos hacen soberanos. Nuestras intenciones y esfuerzos para coordinar y cooperar las ficciones en un conocimiento individual y colectivo que siempre es posexistente no se basan en verdades o identidades determinadas.
Tenemos que ser actores auténticos, meticulosos improvisadores para esculpir la obra, la nación que deseamos crear. Al usar el juego del lenguaje, somos todos comediantes estructurando y construyendo mundos... ¿imaginarios?
Los proyectos de nación con sus tejidos sociales complejos, la misma comunidad de naciones, un mundo multipolar, son ficciones que simbolizan aparentes acuerdos de sus miembros. Como cualquier concepto, las leyes son postulados de singularidades lógicas, como-si pragmáticos. Nuestra razón como ciudadanos es nuestro deseo de coincidir en nuestras narrativas. La autoridad siempre será real y ficticia; cualquier gobierno debe aceptar el riesgo de ser reemplazado por otra ficción. Cualquier institución debe aceptar que su identidad es un proceso cambiante; debe adaptarse a nuevos contextos y, si no puede, la población debe aprender a deshacerse de estas instituciones, no abolirlas, sino dejar de usarlas, de recurrir a ellas hasta su colapso. La imaginación y la fe son elementos que cementan nuestros mundos poblados de como-si pragmáticos.
Una de las conclusiones más importantes de nuestras reflexiones es reconocer la necesidad de una solidaridad entre todas las formas de vida, basada en actos de fe mutua. La fe no es una creencia ciega en dogmas, sino un postulado riesgoso; una fe que refuta la coincidencia perfecta en nuestras percepciones en beneficio de deseos de coincidencia de nuestras vivencias perceptivas. Como metáfora del cambio, la música y el arte en general abren puertas de espacios intersubjetivos para la expresión de estos deseos. La responsabilidad del arte es fundadora y fundamental para razonar y vivir la experiencia humana. También queda abierta la propuesta de seguir debatiendo, de formular ideas, de construir personajes con sus ficciones como si fuéramos los autores de una novela que se escribe en el instante —una necesidad de expresar los diferentes matices de nuestras condiciones humanas y no negarlas—. Existir, ex-istir: salir de uno mismo para estar en un mundo abierto —juntas y juntos—.


